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13 de abril de 2010

Luis Alberto Requejo, el mejor clarinetista.


Los sonidos que trae el viento
El clarinetista vizcaíno Luis Alberto Requejo lanzará en mayo su primer disco en solitario en todo el mundo
Quiso el destino que empezara a tocar el clarinete por casualidad. Cuando era niño Luis Alberto Requejo era un devoto de otro instrumento de viento, el saxofón, pero entonces no existía la posibilidad de aprender a manejarlo en el Conservatorio de Leioa. «Me comentaron que lo que más se le parecía era el clarinete», recuerda. Quién le iba a decir que hacer sonar aquel largo tubo de madera tapando sus agujeros iba a convertirse en su forma de vida.
Este vizcaíno de 38 años es hoy uno de los clarinetistas más importantes del momento. Miembro de la Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS), se graduó con honor y cuenta con numerosos premios en su haber, aunque tenía «una espina clavada»: grabar un CD en solitario, algo nada habitual en el mundillo. Tres décadas después de iniciarse en la música, acaba de desquitarse de la mano del sello eslovaco Slovart Records, que espera lanzar su trabajo al mercado «en la primera quincena de mayo».
Viena, El Cairo, San Petersburgo, Damasco, Amberes... La fama de Requejo traspasa fronteras. Ha tocado en los grandes templos de la música clásica mundial, ya sea en recitales o como integrante de orquestas y diversos grupos de cámara, si bien no es famoso por estos lares. Quizá sea porque la música clásica no es tan comercial como el pop o el rock. ¿Lo bueno? Que es más internacional que ninguna. No hay letra y, como cuenta el clarinetista, «todo el mundo entiende la canción».
Un repertorio variado
Luis Alberto Requejo no se ve como un bicho raro. «Elegí esta profesión como podría haber escogido otra». Para cuando se matriculó en la Universidad, ya intuía que su verdadera carrera «estaba en el clarinete», su gran pasión. Pronto confirmó sus sospechas. Con «15 o 16 años» dejó de ir a clase durante una semana para tocar con la Sinfónica de Bilbao y poco después fue becado en la Joven Orquesta Nacional de España y la Academia de Verano de Niza, si bien su bautismo internacional al más alto nivel le llegó entre 1994 y 99 con la Orchestre des Jeunes de la Mediterranée.
Su primer disco como solista -ha grabado varios con orquestas o grupos, por ejemplo Bilbao Trío- consta de nueve piezas de ocho compositores diferentes. En él se mezclan estilos muy diferentes. Destacan dos piezas de Stravinsky -sendos homenajes a Sebastián Bach y Manuel de Falla-, una de María Eugenia Luy y otra de Marcos Pantaleone. Hay 50 minutos de grabación.
«He intentado combinar un poco de todo, desde temas contemporáneos a otros más antiguos. Además, no hay ninguna obra que dure más de siete minutos y en el repertorio hay temas tan diferentes unos de otros que es muy difícil que alguien diga que no le gusta ninguno». Dieciséis páginas de folleto a todo color adornarán el CD en tiendas de todo el mundo. Algo que ha sido posible gracias a la mediación desde Bratislava del reputado violonchelista Richard Vandra.
A Requejo le costó «mucho» hacer la selección de obras, casi tanto como rematar la grabación exprimiendo hasta el último soplo. Es muy perfeccionista. «Toco las canciones hasta que no puedo mejorarlas y veo el trabajo bien hecho. Sólo así me quedo contento», reconoce. Eso no quiere decir que se dé por satisfecho. Con su habitual optimismo, el músico espera mejorar todavía «más» con el paso del tiempo. Para lograrlo, piensa seguir tocando a dúo con la organista de la Basílica de Begoña Miriam Cepeda, algo nada habitual en un clarinetista. Y es que él tampoco es un tipo común.